Antes todo era umbral, las vías no llevaban a ningún lugar, simplemente existían como caminos a recorrer, como posibilidades en un mundo inmenso
El mundo detenido del tiempo lento de la infancia
Crecí cerca de viejos galpones ferroviarios.
Para mí no eran ruinas: eran escenarios. Lugares donde el tiempo parecía suspendido y la imaginación encontraba espacio para crecer. Los trenes, las vías, las estructuras oxidadas y la niebla formaron parte de mi paisaje cotidiano, pero también de mi mundo interior.
Esta serie nace del cruce entre la infancia, la memoria y la pérdida. No intento documentar esos espacios tal como son hoy, sino como persisten en el recuerdo: fragmentados, alterados, atravesados por imágenes que se mezclan con el sueño y el mito.
Los galpones abandonados se transforman aquí en territorios emocionales. El hierro guarda huellas. La luz aparece como una señal lejana. El vacío no es ausencia, sino un espacio de proyección, de espera, de preguntas sin cerrar.
Este trabajo también dialoga con la figura de mi padre y con una experiencia temprana de la muerte. Los espacios ferroviarios funcionan como símbolos de tránsito, de partida, de aquello que no vuelve, pero sigue presente de otras formas.
Trabajar con estas imágenes es una manera de habitar lo que ya no existe, de volver a entrar a esos lugares desde otro tiempo y con otra mirada. No busco nostalgia ni reconstrucción, sino permanecer en ese umbral donde lo vivido y lo imaginado se superponen.
Tal vez estas imágenes no hablen solo de mi historia.