EL FUEGO Y LA SAL

No detiene el dolor.
Solo lo vuelve visible.

La sal conserva lo que ya está perdido

Quema lo que sobra.
Marca lo que queda.
No promete regreso.

El fuego no ilumina: vive.

Ceniza en la piel.
Sal en los ojos.
Nada vuelve intacto.

Todo rito verdadero deja restos.

Hay lugares que no se eligen. El lugar lo elige a uno.
En Chiloé siento calma, pertenencia, una llamada que no se explica.
Vuelvo a la isla grande una y otra vez, en persona, pero también en sueños.
Como si ese lugar guardara algo mío que olvidé en otro tiempo.

La niebla cubre y revela.

 Mientras las serpientes de la creación mueven la tierra bajo mis pies, el paisaje respira con las historias de brujos y mujeres del agua.

Chiloé es mi sombra. Ahí soy más pura.
Estoy más viva, más verdadera.
Allí me reencuentro con la pulsión más elemental de la vida.
Esta serie nace de esa resonancia, de mis sueños con la isla, de la obsesión de su territorio.

Mística Chiloé es un intento de traducir ese vínculo invisible que me une a ella.
En esta serie, en proceso, intento dialogar entre mis registros y mis sueños.

El fuego enciende lo invisible y la sal guarda la memoria de todo lo que muere.
A veces el fuego es médium, otras sombra, y otras simplemente mira con ojos de brujo.
Entre el mito y el presente, estas imágenes buscan restablecer un vínculo.
Recordar que la magia no pertenece al pasado, sino al pulso vivo de la naturaleza.

El fuego y la sal es el primer capítulo de este rito personal.

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